Annie Hall


Sin duda, Woody Allen es el personaje cinematográfico más parecido a Groucho que ha germinado en el cine norteamericano contemporáneo. No obstante, sus registros son antagónicos. La inocente hipocondría del neoyorquino en casi todas sus versiones contrasta con el talento embaucador y tahúr del hermano Marx. Sin embargo, ambos comparten verborrea fluida y atractivo social. Nadie mejor que Allen para las neurosis existenciales y los titubeos amorosos. Su filmografía refleja algunos productos sobresalientes (‘Manhattan’, ‘Desmontando a Harry’, ‘Match Point’), aunque es ‘Annie Hall’ la obra que le ha reportado más cumplidos.



Siempre a contrapié de Hollywood, el talento de Allen (como el de otros tantos) no ha tenido el alcance merecido en muchos casos. Cierto es que su producción esconde unas cuantas obras menores, pero también que su ingenio le ha permitido avanzar sin convencionalismos y, ocasionalmente, se ha permitido licencias muy atrevidas. El cine de Allen es inconfundible. Y ‘Annie Hall’, su mejor comedia romántica. Ganó cuatro estatuillas, aunque su vigencia va más allá. Allen construye una historia para él y una magnífica Diane Keaton, pareja central de la trama, sobre las parejas. Romanticismo alternativo.

Gracias a un guión brillante (sello personal de su cine), la película transcurre junto a Alvy Singer, un cuarentón inteligente, humorista en clubes nocturnos y desafortunado en las relaciones personales. Bajo la dosis regular de neurosis, Allen encandila y atropella con su particular manera de vivir una vida difusa, ante la presencia y ausencia de Annie Hall (Keaton), la excepción que puede confirmar la regla de su infortunio sentimental. Ambos actores soportan la carga argumental, aunque en el largometraje aparecen otros ilustres, como Christopher Walken y una jovencísima Sigourney Weaver.

Para Allen, ‘Annie Hall’ supuso su eclosión como referente en la industria del cine. Hasta entonces, había gustado con películas disolutas pero muy ingeniosas (‘Bananas’, ‘El Dormilón’), quizá carentes del formalismo exigido por los académicos. Tras ‘Annie Hall’, repitió con Diane Keaton en ‘Manhattan’ e ‘Interiores’. Después, inició una nueva etapa, algo controvertida. Convirtió a Mia Farrow en su protagonista fetiche durante doce películas y algunas de sus historias trascendieron la ficción.

“Annie y yo rompimos, y aún no puedo hacerme a la idea, sigo examinando mentalmente las piezas de nuestra relación y analizando mi vida para averiguar dónde surgió el fallo. ¿Comprenden? Y no... Hace un año estábamos enamorados, muy enamorados y... No crean que soy un tipo fúnebre, tristón, tampoco un depresivo. Yo tuve una infancia razonablemente feliz, creo... Me crié en Brooklyn, en la Segunda Guerra Mundial”. Woody Allen, maestro ambivalente y filósofo urbano.

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