'Gladiator', espectáculo vacío


El péplum fue un género sobreexplotado en los inicios de la historia del cine, convirtiéndose en un género popular entre el público por lo ostentoso que resultaba el montaje de una película de este tipo. Sin duda, en aquellos tiempos, eran películas caras y complicadas de realizar, lo que hacía que títulos como 'Ben-Hur' o la estupenda 'Espartaco' de Stanley Kubrick destacaran sobre el resto de producciones. El sobrevalorado director Ridley Scott recuperó el género en el año 2000 con 'Gladiator'.



En el año 180, el Imperio Romano domina todo el mundo conocido. Tras la victoria sobre los bárbaros, el anciano emperador Marco Aurelio decide transferir el poder a Máximo, bravo general de sus ejércitos y hombre de inquebrantable lealtad al imperio, pero su hijo Cómodo no lo acepta y trata de asesinarlo.

La necesidad de volver a asombrar al mundo con un carísimo espectáculo fue la que hizo que Scott realizara esta película, con uno de los guiones más simples que se puedan imaginar. El espectáculo es innegable, hasta tal punto de llegar a cegar a millones de personas que han llegado a considerar esta cinta como una obra maestra. Nada más lejos de la realidad, ya que junto a la premisa simplona que nos ofrece, nos encontramos ante una nada inspirada realización de su director, que parece que, más allá de la ciencia ficción de las fantásticas 'Alien, el 8º Pasajero' y 'Blade Runner', no sabe afrontar sus proyectos con un mínimo de criterio.

Si a esto le añadimos un sin fin de errores históricos absurdos, está claro que no nos encontramos ante esa supuesta obra maestra que la cada vez más triste ceremonia de los Oscar se encargó de cacarear. Sin embargo, no todo es malo en el film de Scott, que en sus interpretaciones encuentra su punto fuerte, con unos intachables Russell Crowe, Connie Nielsen, Oliver Reed, Richard Harris y un soberbio Joaquin Phoenix. Es el apartado interpretativo lo único que salva un conjunto vacío que, aun así, tiene un magnífico trabajo musical a cargo de Hans Zimmer. Sin embargo, volvemos a toparnos con una losa con el plastificado trabajo de fotografía realizado por John Mathieson, que no hace más que resaltar las insuficiencias del film.



En definitiva, 'Gladiator' no pasa de ser una película medianamente entretenida realizada sin ningún tipo de oficio por su director, un Ridley Scott que sólo ha sido capaz de demostrar maestría en sus cintas de ciencia ficción citadas.

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