'A Propósito de Llewyn Davis', la 16a sinfonía de los Coen

Quien haya leído mis críticas desde que comencé, sabrá perfectamente lo que opino del cine de los Coen. De hecho, mi andadura en Yatecasting comenzó con un ciclo de críticas repasando la filmografía de estos genios. Por esta razón no veo mejor manera de comenzar el año cinematográfico que con el estreno de su última película, ‘A Propósito de Llewyn Davis’.

Nueva York, año 1961. Llewyn Davis es un joven cantante de folk que vive de mala manera en el Greenwich Village. Con su guitarra a cuestas, sin casa fija y sin apenas dinero durante un gélido invierno, Llewyn lucha por ganarse la vida como músico. Sobrevive cantando en pequeños garitos a cambio de la voluntad del público y, sobre todo, gracias a la ayuda de unos pocos amigos que le prestan su sofá para pasar las frías noches. De los cafés del Village Llewyn decide viajar a Chicago buscando la oportunidad de hacer una prueba para el magnate de la música Bud Grossman.



Con esta nueva película, los Coen nos vuelven a traer a uno de sus personajes tipo favorito, un perdedor, pero esta vez hay una diferencia. Hasta ahora, los perdedores de sus películas lo eran casi por iniciativa propia, ya fuera por inconformismo como por apatía de los mismos ante la vida, pero esta vez tenemos a un perdedor que lo es por los golpes que recibe en su particular odisea homérica (recordad ‘O Brother!’) al intentar ganarse la vida como músico folk. De este modo, los Coen hacen a su protagonista, y al espectador, plantearse la esencial pregunta de si debe continuar intentando alcanzar su sueño o si, por el contrario, debe tirar la toalla, ofreciéndonos finalmente una clarificadora respuesta apoyándose en una magnífica referencia nietzscheniana.

Con ‘A Propósito de Llewyn Davis’, los Coen nos ofrecen un trabajo que es fruto de todo lo que han realizado anteriormente, siendo, de esta forma, el trabajo más depurado de su filmografía y consiguiendo una obra maestra en la que absolutamente nada sobra dentro de un guion sin fisuras que, narrativamente, funciona a la perfección, ya sea con las letras de las canciones que su protagonista interpreta como con las inspiradas secuencias en las que algo tan banal como un gato lo es todo. El trabajo interpretativo del film no puede estar mejor, con un magistral Oscar Isaac como protagonista acompañado de unos inspiradísimos Justin Timberlake, Carey Mulligan o el habitual John Goodman entre otros.



La fotografía a cargo de Bruno Delbonnel, que sustituye al habitual Roger Deakins, es fantástica y la banda sonora, plagada de música folk, es tan acertada que al escucharla te sientes como si estuvieras viendo la película a través de ella.

En definitiva, ‘A Propósito de Llewyn Davis’ es probablemente el trabajo más perfecto de esos genios de la cinematografía que son los Coen, resultado de una filmografía que ha ido depurándose más y más hasta alcanzar esa perfección.

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