'El Lobo de Wall Street', excesos y adicciones

A nadie se le escapa ya que Martin Scorsese sea un buen director. No hay más que ver su filmografía para darnos cuenta que estamos hablando de un realizador de los grandes y, tras su última maravilla, 'La Invención de Hugo', parecía volver al terreno que más alegrías le habían dado con 'El Lobo de Wall Street'.

Película basada en hechos reales del corredor de bolsa neoyorquino Jordan Belfort. A mediados de los años ochenta, Belfort era un joven honrado que perseguía el sueño americano, pero pronto en la agencia de valores aprendió que lo más importante no era hacer ganar a sus clientes, sino ser ambicioso y ganar una buena comisión. Su enorme éxito y fortuna cuando tenía poco más de veinte años como fundador de una agencia bursátil le valió el mote de “El lobo de Wall Street”. Dinero. Poder. Mujeres. Drogas. Las tentaciones abundaban y el temor a la ley era irrelevante. Jordan y su manada de lobos consideraban que la discreción era una cualidad anticuada; nunca se conformaban con lo que tenían.



Martin Scorsese vuelve al estilo y, de algún modo, la temática que le encumbró en el mundo del cine con títulos como 'Uno de los Nuestros' o 'Casino' y consigue la más irregular de las tres películas debido, sobre todo, al excesivo y redundante metraje. Scorsese nos muestra el ascenso y posterior caída de un broker a través de sus continuos excesos en un mundo plagado de drogas y sexo de manera, en sí, completamente excesiva y, como digo, se vuelve redundante en una historia a la que le sobran varias escenas. Pero lo cierto es que la historia, apoyada en dichos excesos, es tan divertida que termina importando poco o nada el hecho de lo innecesariamente alargada que está.

Y es que 'El Lobo de Wall Street' es puro entretenimiento que no lleva ninguna otra intención y esa es su gran baza. Scorsese es un realizador pulcro como pocos y su maestría se ve continuamente durante las tres horas de metraje. Un metraje en el que vemos una espectacular labor interpretativa de Leonardo DiCaprio, que si no gana el Oscar esta vez, probablemente ya nunca lo gane. En este apartado, encontramos a un estupendo Jonah Hill como comparsa del absoluto protagonista de la función, acompañados ambos de un buen número de anecdóticos pero interesantes secundarios en los que encontramos a Jean Dujardin, Kyle Chandler y Jon Favreau entre otros, siendo la fugaz y brillante aparición de Matthew McConaughey uno de los momentos más interesantes de la película.



La banda sonora a cargo de Howard Shore es perfecta y se permite una fantástica referencia a 'El Graduado' en la que Scorsese lo borda apoyado en ella. Por otro lado, la fotografía de Rodrigo Prieto, sin alardes, se muestra en perfecta consonancia con el film.

En definitiva, 'El Lobo de Wall Street' es una divertidísima película cuya excesiva duración la lastra un poco como gran película.

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