The Walking Dead: los últimos episodios salvan una segunda temporada soporífera


Por fin ha llegado el momento. Seguro que muchos de vosotros estabais tan expectantes como yo para ver el final de la segunda temporada de la serie de AMC, ‘The Walking Dead’. Pues ya está aquí. Son muchas cosas las que ha pasado en los trece episodios que componen la segunda etapa, por lo que absténgase aquel que no desee conocer el rumbo que toma la ficción en su conjunto. 



La primera temporada concluyó con el grupo evacuando el Centro de Enfermedades y sin conocer la próxima localización del mapa donde poder instalarse. La segunda tanda empezaba correctamente: una bandada de zombis atraviesa la autopista donde se encontraban, Sophia se pierde sola en el oscuro bosque y Carl es abatido por un disparo de escopeta erróneo. 

La acción estaba asegurada, las críticas podrían haber sido favorables ya que los acontecimientos se había desarrollado de una manera controlada, firme y con grandes dosis de dramatismo (necesario en ‘The Walking Dead’).  Entonces Otis les conduce a una granja donde ha permanecido todo el tiempo desde que ocurrió el ‘apocalipsis’ zombi, y todo se torna negro y diferente. 

Su estancia en ese lugar ha sido muy (pero que muy muy muy muy) larga si lo miramos desde la perspectivas de los comics en los que se basa la serie de AMC. Pensaba que iban a quedarse a vivir allí, cuando su recorrido por la propiedad de Hershell no duraba más de cuatro entrega en el papel, y allí han estado trece eternos episodios. Quizás un recorte de capítulos, la unión de la acción y el control de los altibajos de calidad, hubiéramos tenido una temporada más corta y más intensa.

La primera parte de la temporada se centró en la búsqueda de Sophia, en la posibilidad de hallar en la granja el hogar que habían estado esperando, la cura de Carl (que en los comics es casi instantánea) y el anuncio del embarazo de Lori. Quitando las emisiones de relleno, cuando Sophia sale del granero convertida en zombi y deben matarla junto a los demás que Hershell había guardado esperando una cura, me convencí de que ‘The Walking Dead’ podía seguir por el buen camino. 

A partir de ahí el argumento se ha tornado inconsistente y vago, con tramas repetitivas como el continuo tira y afloja de Shane y Rick, o la negativa de Hershell de ver como el grupo de Rick se instalaba en sus tierras. Lo que se ha contado en 13 episodios podrían haberlo narrado perfectamente en un pack de seis o siete (como hicieron en la primera temporada) monitorizando lo realmente importante y destacando lo superfluo.

Y entonces los últimos episodios volvieron a recuperar la fe que tenía en la serie. Su final de temporada ha sido espectacular y sus capítulos finales se han cargado de la acción, el drama y la calidad que ‘The Walkind g Dead’ nunca debió de perder.  

Para empezar hemos perdido a dos pesos pesados del grupo. El primero fue Dale, un personaje que no aportaba demasiado, siendo la voz moral difícilmente existente en un mundo donde nada es lo que parece y lo único que importa es la supervivencia. Luego lloramos la perdida de Shane, el cual sabíamos que moriría tarde o temprano y lo ha hecho de una manera brillante, a manos de los Grimes (primero de Rick y luego de Carl). 

Y llegamos al culmen de ‘The Walking Dead’ con cuarenta y tres minutos apoteósicos, que no nos han permitido distraernos para parpadear más de la cuenta. Una horda de zombis se distrae por el sonido de un helicóptero y después por las balas procedentes de la granja; en pocos instantes la propiedad está rodeada y deja de ser un refugio para convertirse en el ataúd de su tumba.

Hershell se aferra a la idea de defender su grana con uñas y dientes, hasta que recapacita y se da cuenta de que no puede recuperar lo perdido, siendo ya la hora de luchar por permanecer en pie. Caen varios integrantes de su familia y la única que está desparecida es Andrea, que se encuentra a merced de los zombis en el bosque. Un encapuchado le brinda su ayuda ¿estamos ante El Gobernador?

El resto del grupo se reúne en el mismo punto donde Sophia desapareció (paradójico ¿no?) para continuar adelante y mirar a quien han perdido por el camino. Rick tiene dotes de liderazgo y toma un poco el papel que Shane cumplía como agitador, en un lugar donde no va a existir la democracia y se hará lo que el policía quiere; eso sí, supuestamente por el bien de todos.

‘The Walking Dead’ ha tenido una buena segunda temporada, con demasiados altibajos. Comienzo correctamente, acabó perfectamente la primera parte y el final ha sido increíble; no obstante la materia para endulzar el caramelo se ha pasado de fecha y se ha tornado rancia, esperemos que la prisión que se ve en el horizonte sepa devolvernos la confianza ciega en la ficción. 

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