Vértigo


Detrás de una fachada conservadora y rigurosa, sobresale la carrera más fructífera de la historia del cine. Alfred Hitchcock (1899-1980) dedicó su vida a la creación (1922-1978). Durante casi sesenta años de producción inigualable, el director londinense plasmó su firma sobre decenas de obras inconfundibles, majestuosas bajo su sello personal: ‘El hombre que sabía demasiado’, ’39 escalones’, ‘Rebeca’, ‘Encadenados’, ‘El proceso Paradine’, ‘Extraños en un tren’, ‘La ventana indiscreta’, ‘Con la muerte en los talones’, ‘Los pájaros’, ‘Psicosis’…



Nadie puede presumir de tanta calidad en tanta cantidad. El maestro del suspense y los cameos habituales, además de un director excepcional, fue también un montador novedoso e impactante. Su genio simplificaba guiones mediante imágenes lubricadas al detalle. Su obra más turbadora, que no necesariamente la mejor, es ‘Vértigo’ (1958), un completo ejercicio de argucias argumentales y juegos de planos planteado por Hitchcock.

A lo largo de su larga y densa carrera, Hitchcock comulgó poco con los académicos de Hollywood, donde localizó gran parte de su trabajo. ‘Vértigo’, al igual que todas sus producciones previas y posteriores, se quedó sin Oscar. Alejado del glamour, sin embargo, el director londinense trascendió los reconocimientos individuales. De nuevo, había fascinado.

Los habituales James Stewart y Kim Novak asumieron el protagonismo de una historia compleja e inquietante, una intriga pensada y disfrutada por el propio Hitchcock, el maestro indiscutible del suspense cinematográfico. El director atrapa al espectador desde el inicio, gracias a su sutil manejo del ritmo narrativo y los cebos argumentales.

Durante dos horas frenéticas, el londinense ejerce su influencia hipnótica y excitante sin ataduras. Sus imágenes narcotizan y sobresaltan al alimón, como ninguna lo hizo antes. No son pretenciosas, sino necesarias en la construcción de una obra completada sin fisuras y una maestría natural fuera de toda duda.

El papel protagonista (Scottie Fergusson) es interpretado de nuevo por uno de sus actores fetiche, el genial James Stewart. Cuando Fergusson decide abandonar el cuerpo de policía de San Francisco atormentado por su vértigo y el fallecimiento de un compañero, la historia cobra vida. Adquiere tensión cuando un viejo amigo le contrata como detective para seguir a su bella esposa Madeleine (Kim Novak) y desarrollar el inolvidable desenlace.

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