House of Lies: asesores corporativos adictos al trabajo y capaces de todo


La verdad es que la nueva comedia de Showtime no tenia los grandes alicientes de otras ficciones que estás deseando verlas solamente con conocer un poco cual es su argumento. ‘House of Lies’ no contaba con ese hándicap pero igualmente ha sido una grata sorpresa (a medias). 



El único atractivo que encontré en la serie fue la presencia de la increíble Kristen Bell como una de sus protagonistas principales. Cierto es que se mantienen actores de mucha categoría, divertidos, graciosos y con bastante talento; pero fue la rubia que encarno a ‘Verónica Mars’ quien me hizo lánzame a la piscina para ver ‘House of Lies’.

Basada en el libro de Martin Kihn con un subtitulo casi infinito (‘House of Lies: how management consultants steal your watch and then tell you the time’), lo que nos viene a narrar es la vida de los asesores corporativos, de aquellas personas que llegan a una empresa y dicen lo que hay y no hay que hacer para incentivar al personal a ganar más beneficios, siendo recompensados por ello.

Nos presentan a un cuarteto insuperable con Marty Kaan como jefe principal que lleva la batuta de sus subordinados. Es excesiva la importancia que le han dado al personaje, construyendo un castillo de naipes a su alrededor capaz de rodearnos de su círculo familiar y amoroso más cercano.

A su lado se encuentran Clyde, Doug y Jeannie. Los dos primeros, a pesar de ser de lo mejorcito de la serie con caracteres enfrentados, no han gozado de la misma relevancia que sus compañeros de equipo. De Jeannie hemos conocido su estado civil, su pareja y sus pocos escrúpulos a la hora de hacer lo que sea para conseguir sacar adelante  un trabajo; de Clyde y Doug nada de nada, lo cual considero un error.

El argumento principal de la primera temporada ha sido la absorción de una empresa, lo cual podría dejar a nuestros protagonistas sin trabajo. Ello ha hecho que tengan que hacer cosas de las que se arrepienten, cosas que han dejado de tener importancia cuando se ponen encima de la mesa y valoran que todavía siguen haciendo lo que más les gusta: trabajar.

Al ser originaria de Showtime, que nadie espere una risa fácil. No es una serie sencilla, más bien guarda un humor diferente, más inteligente y que quizás cuesta entender. Por eso no ha sido hasta la mitad de la temporada cuando se le pilla bien el punto, y después puedes ponerte a disfrutar de verdad de lo que ‘House of Lies’ tiene que ofrecerte.

Cae en las mismas equivocaciones que casi todas las series de cable: abuso excesivo de desnudos, uso innecesario y abusivo de palabrotas, protagonismo mal repartido entre los personajes… Aún así ha renovado por una segunda temporada y yo al menos me mantendré expectante para volver a empatizar con los asesores corporativos de ‘House of Lies’. 

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