La última estrella



sara-montiel-21-640x640x80Con permiso de la estupenda Mariví Bilbao y el inefable Bigas Luna, dedicamos esta entrada a Saritísima. Con ella se acaba definitivamente el star system. La Montiel no era una gran artista: nunca fue buena actriz, ni cantante, se pongan como se pongan algunos que no se dan cuenta de que ella jamás pretendió ser nada de eso. No destacó por su talento, ni falta que le hizo. Era una estrella, moldeada al estilo de un Hollywood que ya entonces olía a viejo: sus películas se plantearon como vehículos para su lucimiento, como en la época de la Garbo o la Dietrich, que no eran de su quinta, sino de una generación anterior. Ese concepto de lo que es una estrella de cine ya empezaba a oler a naftalina. Por aquel entonces, ya se empezaba a exigir que las estrellas tuviesen algo más que carisma o atractivo. Tenían que ser también buenos actores y actrices, y trabajar con directores de prestigio, que dejaban de ser “buenos artesanos” para adquirir cada vez  ayor protagonismo. Se trataba pues de una estrella a la antigua usanza, ya en su época de máximo esplendor. No importaba que recitase sus diálogos de forma afectada, si la cámara se enamoraba del ángulo más favorecedor de su rostro. Es significativo que la mayoría de sus películas no transcurriesen en lo que entonces era el tiempo presente, sino en etapas anteriores. “El último cuplé” era un homenaje a un género musical caduco, que resucitó gracias a esta película, no sin polémica, porque a las cupletistas (ya retiradas) no les gustó la forma en que la Montiel interpretó sus canciones. 
651113
El último cuplé.mod.2-6ªsemana éxito-Cine Cordón 001 Los más jóvenes tienen una imagen triste y decadente del mito. En sus últimos años fue una parodia de si misma, incapaz de asumir el paso del tiempo. A la hora de mostrar su trayectoria a quienes no la recuerdan, no es fácil separar la fantasía delos hechos contrastados; algo fomentado por ella misma, muy aficionada a “embellecer la realidad”. No es cierto que fuese la primera actriz española que trabajó en Hollywood, como se ha repetido hasta la saciedad. En tiempos del cine mudo, hubo varias estrellas españolas que trabajaron en la meca del cine, cuando no hacía falta hablar idiomas. Entre ellas, la injustamente olvidada Conchita Montenegro llegó a ser muy popular. El breve paso de Sara por Hollywood, vía México, ha sido exagerado en el imaginario colectivo, hasta que nos hemos acabado creyendo que realmente triunfó en la meca del cine. Los estereotipos racistas que se vio obligada a encarnar le sirvieron para promocionarse en España, donde alcanzó el éxito en el melodrama (en el sentido literal del término: drama con música) a pesar de que no había cantado en su vida. A las limitaciones presupuestarias de “El último cuplé” debemos que no fuese doblada su voz por su eterna rival, Lilián de Celis, más artista, pero menos estrella que Sara Montiel. De este modo, se convirtió en inesperada reina del musical, lo que serviría de tabla de salvación al dejar el cine. Siguiendo el ejemplo de Marlene Dietrich, se reconvirtió en artista de variedades, cantando sus viejos éxitos para deleite de sus fans: cinéfilos, personajes de la vida social, viejos verdes y un público homosexual al que ella respetaba cuando estaba mal visto. 

Fue una de las más imitadas por los transformistas, antes de que se acuñase el hoy sobado término de “diva gay”. Lejos quedaban sus inicios como rubia merengue en los años cuarenta: Sarita Montiel empezó siendo una jovencita pizpireta, que importó al cine español el tinte platino. Con el tiempo se daría cuenta de que podía sacarle más partido al prototipo de la morena volcánica. En México dijo no a Buñuel, algo de lo que nunca se arrepintió: eran como el agua y el aceite. Consciente de que en Hollywood estaba marcada por ser hispana, el inesperado éxito de “El último cuplé” la hizo renunciar al sueño americano para convertirse en la estrella que siempre quiso ser.

Sara-Montiel-Gary-Cooper-Veracruz_TINIMA20130408_0300_5Al llegar la madurez, supo encauzar bien su carrera de la mano de Pepe Tous,que se convirtió en marido y manager. Entonces comenzó a fomentar el mito sobre su carrera, mezclando éxitos reales e imaginarios, y ofreciendo una imagen cada vez más kitsch y delirante.  Tras la muerte de Tous, no levantó cabeza. Mejor olvidar sus desvaríos de los últimos tiempos: montajes, memorias desmemoriadas, saetas  y otras idas de olla que no lograron opacar el recuerdo de la mujer que trajo el erotismo al cine español cuando enseñar el canalillo era pecado. 
 

0 Comentarios

    Para poder escribir comentarios en la entrada de blog, debes acceder con tu cuenta de candidato, o crear una.