Pequeñas diferencias

El reciente estreno de Zipi y Zape y el club de la canica vuelve a poner de actualidad las adaptaciones cinematográficas de historietas gráficas. Esta no es la primera vez que vemos a los traviesos hermanos en la gran pantalla. En 1982, Enrique Guevara, director hasta entonces especializado en el infame subgénero del destape, realizó una olvidada adaptación de “imagen real”, protagonizada por dos gemelos que fueron lanzados como fugaces estrellas de la canción (mala) y el cine (peor).  En aquella ocasión, hubo un intento (fallido) de recrear con fidelidad el cómic adaptado. Los fans del  comic original creado por Escobar apenas reconocen a sus ídolos en la película dirigida en 2013 por Óskar Santos, algo que sucede a menudo. Recordando un pasatiempo imprescindible en las páginas de las revistas infantiles en las que descubrimos a nuestros héroes, juguemos a encontrar pequeñas diferencias entre ambas adaptaciones.   
Al igual que en el cómic original, los Zipi y Zape del 82 son gemelos idénticos, salvo en el color del pelo. En la nueva película, han escogido a dos chicos que ni siquiera son primos, incluso el rubio es más alto. En la sinopsis oficial se afirma que son mellizos, en un intento por justificar el  escaso parecido entre ellos y al mismo tiempo parecer fieles a uno de los rasgos característicos de los personajes.  En el film sólo se les presenta como hermanos, sin hacer referencias a que hayan nacido el mismo día. Tal vez sea el cambio más sorprendente respecto a la imagen tradicional de los personajes. No es fácil encontrar dos niños hermanos gemelos que den el tipo requerido y sean actores convincentes.  A los protagonistas de la primera versión les doblaron la voz (igual que al resto del reparto infantil), costumbre extendida en aquella época, con un resultado más que chirriante: las voces suenan excesivamente agudas para unos chicos ya creciditos, y se nota que las dobladoras son mujeres, como era habitual. Afortunadamente, hoy en día no se admite que alguien pueda dedicarse a la interpretación sin ser capaz de trabajar con su propia voz. De este modo, ya no procede escoger a un actor por su aspecto físico, aunque sea incapaz de articular una palabra con naturalidad. A ello se une una considerable diferenciación psicológica de cada uno de los personajes respecto al cómic. Los responsables de las nuevas aventuras cinematográficas de Zipi  y Zape han preferido buscar niños dotados para la actuación, aunque no se parezcan físicamente entre ellos, como cabría esperar. 

También vinculado con la apariencia física, está el vestuario de los protagonistas. En este caso sí hay un parecido respecto al original del cómic;  lo novedoso es que se trata de uniformes escolares compartidos con sus compañeros del cole. En la primera película, Zipi y Zape levaban sus característicos chalecos rojos y corbatas negras, atuendo pasado de moda y poco realista, en una línea estética caricaturesca, tratando de trasladar literalmente el look del cómic a la pantalla. Los protagonistas de Escobar se vestían iguales porque eran gemelos y arquetipos. Al igual que otros personajes, no mostraban mucho interés en cambiarse de ropa. Convertir su atuendo en un uniforme es una acertada solución para adaptar la imagen del original a una estética más realista, que no aceptaría un vestuario tan anticuado para dos chicos de nuestros días, ni que los protagonistas no se cambiasen de ropa. Además, el vestuario de los gemelos en el cómic se puede identificar fácilmente con un uniforme.    

Si los protagonistas de los tebeos sólo se distinguen físicamente por el color del pelo, sus personalidades son intercambiables: piensan y actúan como uno solo, lo que se mantuvo en el film de los 80. Ahora se les ha diferenciado no solo físicamente: Zipi (el rubio) es el cerebro del dúo, y Zape (el moreno) es el hombre de acción. En el mundo creado por Escobar, los niños eran traviesos, aunque no se cuestionaban la autoridad paterna. El humor de la etapa más recordada de los gemelos era muy blanco, incluso para la época. En posteriores adaptaciones, ya sin su creador, el diseño de los personajes se volvió más agresivo en todos los aspectos.
Los elegidos para encarnarlos en Las aventuras de Zpi y Zape tenían aspecto de chicos de barrio, y no habrían desentonado en el reparto de una película sobre adolescentes problemáticos, a lo Eloy de la Iglesia (sí, he dicho Eloy). En la actualidad, ambas criaturas se dedican a la música heavy, algo que al parecer ya llevaban dentro cuando hicieron la película.   



Los personajes son presentados como rebeldes en la nueva adaptación, siendo uno de ellos más dulce (el rubio, un tópico previsible) y el otro más duro. 
Los fans del tebeo echan de menos a los padres de los hermanos en la nueva película. Don Pantuflo y Doña Jaimita no aparecen en ningún momento. Solo hay una breve referencia a ellos en los diálogos, sin citar sus nombres. El escenario de sus aventuras se traslada del hogar familiar y el colegio, omnipresentes en los cómics, a un internado donde Zipi y Zape son obligados a pasar el verano. No hay un prólogo en el que se vea a los protagonistas en su entrono habitual, ni se pone en escena la travesura que los llevó hasta allí. Tras una introducción en off ilustrada con dibujos, la acción arranca directamente en el autobús que los dirige al centro.  De esta manera, se ha solucionado de una forma rotunda la inclusión en la trama de dos personajes que representan estereotipos caducos, con un fuerte componente sexista en el caso de la abnegada esposa y ama de casa, presente en el film del 82. Si los padres apareciesen en posibles secuelas, sería necesaria una actualización de su personalidad y su imagen. Por cierto, difícilmente podrán los protagonistas interpretar a Zipi y Zape durante mucho tiempo. En este caso, los personajes no crecen, como en las aventuras de Harry Potter. En ningún momento se dice en la película que los protagonistas se apelliden Zapatilla. Los estrambóticos nombres originales se obvian o se justifican como apodos. 



Entre los secundarios, se reconocen algunos tipos característicos procedentes de las historietas de Escobar y sus sucesores. Aunque se ha criticado que se mantengan determinados rasgos reconocibles de algunos personajes, cambiando sus nombres y atuendos, a lo largo de los años se han sucedido numerosos cambios que afectan a la denominación y aspecto de los personajes del cómic, incluidos los protagonistas. Zipi y Zape han sido dibujados delgados, gordos, altos, bajos, melenudos, con el pelo corto…
Las adaptaciones cinematográficas son una versión más, de la que cabe esperar cierta fidelidad al original, pero no una reproducción literal de su universo más recordado (que no es el único). Las nuevas aventuras cinematográficas de Zipi y Zape no pretenden imitar fielmente el look del cómic original, para desesperación de algunos fans, aunque visto el resultado del triste precedente, la decisión de ir por otro camino parece más acertada: una película dirigida a un público de nativos digitales que apenas conoce a los personajes, acompañados por unos padres nostálgicos de aquellos tebeos clásicos de su infancia.  

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